By Bishop Joseph Strickland • August 10, 2018

Este domingo, continuamos nuestro trayecto en el Discurso Eucarístico del Evangelio según san Juan, Capitulo 6. La buena nueva está incrustada en las palabras de Jesús, “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo.” ¿Que es en realidad lo que Nuestro Señor quiere decir? ¿Cómo es Él pan vivo?

La idea del pan vivo es misteriosa y difícil de comprender; sin embargo, nos habla a nosotros de una conexión profunda entre la encarnación de Hijo unigénito de Dios y su presencia perdurable en el mundo, hoy, como el Pan de Vida. La fenomenal buena nueva que yo escucho en estas palabras es que Nuestro Señor no sólo caminó en esta tierra hace dos mil años sino que continua siendo una presencia viva entre nosotros, hoy en día.  El Señor verdaderamente vivió, murió y resucitó por cada uno de nosotros y nosotros tomamos parte de su presencia viva, cuando se sienta a la derecha de su Padre, por nuestra participación en el banquete Eucarístico. La gran ironía es que aquel que murió por nosotros también resucitó por nosotros y al tomar parte de su Cuerpo y su Sangre en el sacrificio Eucarístico somos alimentados por su cuerpo en la forma de pan vivo.

Además, las palabras, “que ha bajado del cielo,” nos envían un poderoso mensaje que el celestial ha bajado a morar entre nosotros y a acercarnos con Él al cielo para morar con el Padre y el Espíritu. El abismo que separaba al cielo de la tierra tiene ahora un puente por el cuerpo del propio Hijo de Dios y nosotros somos alimentados con ese mismo cuerpo. Las palabras del Evangelio de hoy nos desafían a vivir la presencia del cielo la cual está en medio de nosotros porque nos alimentamos en su presencia viva. No es de extrañar que muchos continúen rechazando esta maravillosa verdad porque, muy a menudo, nosotros fallamos en vivir la presencia del cielo entre nosotros. Nuestro mayor desafío es perseverar incluso cuando no podemos ver claramente nuestras faltas.

Vamos a orar para que seamos más fuertes en nuestra fe Eucarística y así vivir más poderosamente la verdad de que Nuestro Señor continúa siendo una presencia viva real entre nosotros. Que la caridad que vivimos les muestre a los demás que nuestras acciones son alimentadas por el pan vivo que ha bajado del cielo.

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