By Bishop Joseph Strickland • June 6, 2018

El pasaje del Evangelio de este domingo según san Marcos, capítulo 3, es tan valioso con buenas noticias que es difícil enfocarse sólo en un elemento.  Al reflexionar en el pasaje, me enfoco en el último versículo. Jesús dice, “Estos son mi madre y mis hermanos.  Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.”  Yo me pregunto, “¿Realmente creo y entiendo lo que Nuestro Señor está diciendo en estas pocas palabras?” Tengo que reconocer que yo debo profundizar mi creencia y desarrollar más mi entendimiento.  Como es el caso de otros pasajes, algunas personas han señalado este pasaje particular y dicen que es la prueba que nuestra tradición Católica de honrar a María como la madre de Jesús está fuera de lugar. Sin embargo nuestra tradición nos guía a un entendimiento más profundo.  El pasaje nos recuerda que honoramos a María precisamente porque ella “Hace la voluntad de Dios.”  La maravillosas buenas noticias de esto es que, como hermanos y hermanas en el Señor que “Hacen la voluntad de Dios,” nosotros, también, podemos compartir en la vida celestial donde la Santísima Virgen María es Reina. 

Aunque, este pasaje tiene profundas enseñanzas teológicas, la buena noticia que yo escucho es asombrosamente simple pero no es fácil. ¿Cómo entramos nosotros a la familia de Dios?  ¿Cómo cumplimos nuestro destino como creaciones de Dios hechos a su imagen? ¿Cómo compartimos en la familia de Dios de amor eterno?  Nosotros cumplimos todo esto al hacer la voluntad de Dios y no la nuestra.

Al escribir, mi mente inmediatamente llega al gran desafío contenido en esta buena noticia.  En cada Misa de todo el mundo, en cualquier idioma que sea el pueblo reunido junto habla, ora las palabras “Hágase tu voluntad;” sin embargo, el gran desafío es realmente vivir estas palabras y envolverlas en cada aspecto de nuestra vida.  Como su obispo, yo mismo soy desafiado a preguntarme, “¿Es esta la voluntad de Dios o mi voluntad?” Cada uno de nosotros debemos de hacernos esta pregunta.  Cuando pecamos, ya sea mortal o venialmente, la raíz del pecado es elegir hacer nuestra voluntad en lugar de la de Dios. Nuestro gran desafío es vivir siempre de acuerdo a la voluntad de Dios.

Oremos para que como, personas, familias, Iglesia, naciones y pueblo de Dios por todo el mundo, nosotros debemos verdaderamente buscar abrazar la voluntad de Dios y saber que, al hacerlo, somos bien recibidos en su familia de vida eterna.

 

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