By Bishop Joseph Strickland • May 23, 2018

Al celebrar la Solemnidad de la Santísima Trinidad este domingo, examinamos las palabras de Cristo al final del Evangelio según Mateo:

 “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.”


¿Esto es verdaderamente una Buena Nueva! Los conflictos que surgen en nuestro mundo arruinado originan nuestra tendencia para olvidar está verdad básica. Dios, nuestro Padre Celestial, le ha dado todo el poder a su Hijo y su Hijo expresa este poder por el Espíritu Santo. Cuando nos encontramos en la necesidad de poder y fortaleza podemos volver a Dios. Cada persona se enfrenta a los efectos del poder mal usado del mundo lo cual en realidad no es poder del todo. Esto pasa en todo nivel básico personal con conflictos familiares y en el estado global con conflictos entre las naciones. Es especialmente sorprendente que Cristo dice que “todo poder” se le ha dado a Él. Esto significa que cuando el poder es manifestado en nuestro mundo, si es un poder real, fluye de Cristo. Esta verdad nos debe fortalecer e inspirar cuando nos sentimos impotentes.  Siempre podemos volver a Cristo para tener la fuerza. En el contenido de la celebración de la Santísima Trinidad, estas palabras del Hijo de Dios nos recuerdan que Dios es el Creador de todo y que Él nos ama tanto que nos ha dado a Su Hijo para manifestar Su poder.

Estas últimas palabras del Evangelio de Mateo también nos traen un reto difícil; debemos de rendirnos a nuestra inclinación de apegarnos al poder. Esto nos reta a cada uno de nosotros en maneras muy personales porque el mundo con frecuencia nos dice que sujetemos todo el poder que podamos. La mayoría de nosotros probablemente no nos imaginamos ser poderosos, pero en realidad con frecuencia tenemos un gran poder. Tenemos el poder de elegir la virtud o elegir el pecado y los infortunios en nuestro mundo fluyen de estas elecciones básicas hechas por cada  persona.  Cuando yo elijo el pecado estoy pretendiendo que he luchado contra algo del poder de Cristo en mis propias manos. Esto es siempre una ilusión, sin embargo cuando hacemos una elección pecaminosa distorsionamos nuestro mundo y nuestra elección tiene un efecto en los demás. La historia nos muestra el inmenso daño que viene del apretón pecaminoso al poder.

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra.” Alegrémonos en estas palabras de Jesucristo; Suyo es el poder y la Gloria. Oremos para que podamos aprender esta verdad más profundamente cada día y crezcamos en las virtudes de conocer de dónde fluye todo poder.

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